¿Y por qué perder el tiempo con cuestiones como estas, de filosofías y "demás yerbas"... ?

La única intención es compartir aquí nuestros propios "logos", es decir, que podamos socializar ideas, reflexiones, inquietudes, antojos, divagues, etc., que guarden alguna relación con la filosofía: sencillas pero auténticas, libres y enérgicas, producidas dentro y fuera del ámbito académico, para compañeros de estudio y amigos/as aficionados a esta asignatura, "apasionada ciencia del pensamiento o reflexión sobre la vida humana" (en mi humilde opinión, esto es la filosofía). Ojalá podamos intercambiar palabras emanadas directamente de nuestro espíritu humano, es decir, sencillas, pero auténticas y liberadoras...

Mis agradecimientos a César Zapata, gran amigo y maestro, quien nos desafió como grupo de estudiantes a emprender este tipo de aventuras intelectuales cibernéticas, que ojalá engendren todo tipo de reacciones: empáticas, simpáticas, hostiles, etc...

Tiempo de jardines, porque somos epicúreos ;)

Tiempo de jardines, porque somos epicúreos ;)
Compañeros de esta aventura. "De poetas y locos, todos tenemos un poco..." :D

Alguna información personal. Nada importante.

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jueves, 31 de octubre de 2013

Debate filosófico acerca de la identidad latinoamericana

PRIMERA ARGUMENTACIÓN DE LA BANCADA A FAVOR

¿Por qué y para qué seguir hablando hoy en día de identidad latinoamericana?

En primer lugar, ya que es un problema que –llamativamente- nos distingue a los latinoamericanos de otras culturas, que nunca se plantearon a sí mismas esta cuestión. Tomemos especialmente el caso de Europa: sabemos que no abordó filosóficamente este tema -y nunca tuvo necesidad alguna de hacerlo-, sintiéndose siempre muy segura, situada en la dimensión del “ser” –como había indicado Rodolfo Kusch, en contraposición al “mero estar” de nuestros ancestros indígenas-, teniendo siempre además la conciencia de ser la cultura “civilizada”, la “desarrollada”, la “más avanzada y aventajada” a todas las demás culturas de nuestro mundo, como lo podemos constatar históricamente.

En segundo término, optamos por esta temática conscientes y convencidos que el problema de la identidad no está superado ni concluido; al contrario, consideramos que toda filosofía en Latinoamérica debe partir de este punto, señalando la existencia y permanencia de este problema cultural y filosófico, que afecta de modo directo nuestra realidad y por ello tiene repercusiones socioculturales y políticas vigentes, que subyacen a todos órdenes de análisis posibles; De este modo, resaltamos que este tema es permanente, actual y de importancia filosófica vital en nuestro continente.

En consecuencia, nosotros postulamos que, como punto de partida a la discusión de cualquier temática que nos compete como comunidad latinoamericana, debemos primeramente CONOCERNOS y COMPRENDERNOS suficientemente así como somos, con nuestra identidad propia, con nuestra común historia recibida, esa historia intrincada y complejamente tejida por un sin fin de problemas socioculturales, políticos, militares –bien es cierto-, pero que, indudablemente, al mismo tiempo nos une y hermana entre pueblos: esto constituye nuestro ser, y todos estos elementos mencionados marcan decididamente el camino filosofante latinoamericano, desde el principio.
Por eso estamos defendiendo como bancada la relevancia del tema de la identidad latinoamericana, porque es de importancia fundamental y actual, no solamente para la filosofía, sino que los es para toda área del conocimiento: sea técnica, científica, social, humanística, etc.

Consideramos que la categoría filosófica “mestizaje cultural” puede ayudarnos a pensar nuestra identidad latinoamericana en y desde la diversidad, entre otros motivos, por constituir una categoría analógica, que no excluye las diferencias existentes entre los individuos de distintos pueblos o naciones -que naturalmente existen-, porque la cultura es un elemento social de gran dinamismo, que va cambiando y transformándose con el transcurso del tiempo al modo tal vez, sirva este ejemplo, como el proceso biológico de todo ser vivo: que durante toda su existencia va desplegando su propio proceso de desarrollo y crecimiento, pero sin dejar nunca de ser el mismo sujeto-.

Tomando las palabras del mismo Juan Carlos Scannone, podemos precisar qué es el “mestizaje cultural”:

“[es] la mutua fecundación de culturas cuyo fruto es un ethos cultural nuevo, surgido de dos [o más] anteriores. No excluye ni el conflicto ni la permanencia de residuos culturales anteriores no integrados… Se puede hablar de ello cuando el encuentro de culturas ha primado sobre el conflicto o yuxtaposición, y cuando la novedad histórica del surgimiento de un pueblo nuevo ha primado sobre el trasplante… Ello puede darse aun cuando no se dé un mestizaje racial…”.[1]
Así, esta categoría aplicada al problema planteado constituye un intento de esclarecer y explicitar la identidad latinoamericana, planteándose entonces como una propuesta válida y fecunda para entender el sustrato común que define lo que nos une como culturas hermanas. Por eso, la entendemos como verdadera clave hermenéutica de interpretación de la identidad-realidad latinoamericana, ya que evidencia su existencia y aporta elementos para comprender su esencia. Deducimos, además, que esta clave apuesta por un mayor estudio, esclarecimiento y explicitación de este y muchos otros temas que forman parte de nuestra realidad continental: por eso constituye un verdadero “punto de partida” para el pensar latinoamericano.

En consecuencia, podemos afirmar que nosotros, los actuales individuos latinoamericanos, somos fruto de sucesivos procesos de “mestizaje cultural” y, de hecho, propiamente bien podríamos hablar de “mestizajes de mestizajes culturales”, sucesivos y constantes, en continuo despliegue y desarrollo. Así, nosotros asumimos que Latinoamérica tiene una innegable identidad propia y peculiar, que la caracteriza y unifica en y desde su diversidad cultural (o en plural, si se prefiere). Si bien no podremos acabar de definirla totalmente, podemos aproximarnos a ella a partir de esta categoría, estudiando los distintos y constantes procesos de “mestizaje cultural” que ocurren en el subcontinente latinoamericano.

Y para culminar, comparto sencillamente una curiosidad personal a partir de esta reflexión y la de la otra bancada: ¿Todos nosotros… no nacimos acaso en este continente, en Latinoamérica? Por ejemplo, yo nací aquí en Paraguay. ¿No será que entonces yo soy “paraguayo” y entonces también, al mismo tiempo, soy “latinoamericano”? (creo que esto sería un hecho indiscutible, aunque bien pudiera yo confundirles con mi apariencia, porque evidentemente presento notables y muy llamativos aspectos fenotípicos europeos, así que me podrían confundir perfectamente, y lo entendería: porque soy del todo parecido a un típico alemán, rubio pytä, tesarovy, che yvate…) Y me pregunto entonces: ¿cómo es posible que ciertas personas -hoy aquí presentes entre nosotros- me estén diciendo que yo tengo que asumir plenamente una identidad occidental? (es decir, me están proponiendo una identidad europea -junto a la de las otras potencias primermundistas-, siempre dominantes y fagocitadoras de las demás culturas, como siempre ha sucedido en la historia) Y todo esto, en nombre de un pretendido “universalismo” (del todo idealista, hegeliano) que están proponiendo ingenuamente...






[1] SCANNONE, J.C. “Nuevo punto de partida de la filosofía latinoamericana”, pp. 172ss

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